Esa misma tarde, el equipo nos hizo una transferencia de fondos de emergencia. En vez de estar encerrados amargándonos en el hotel, nos fuimos a un mall a comprar trajes de baño, bloqueador, ropa interior, un par de vestidos y camisas lindas para poder ir a cenar al barco.
Pero lo que de verdad me voló la cabeza fue la logística. Nosotros nos subimos al crucero al mediodía siguiente ya relajados y la asistencia de Allianz se quedó triangulando con la aerolínea. Al tercer día, cuando el barco llegó a Nassau, alguien del puerto tocó a nuestra cabina: nos traían nuestras maletas originales.
La aerolínea las había mandado en un vuelo a las Bahamas, pero que lograran coordinar en qué puerto íbamos a estar y a qué hora para entregarlas, fue pura magia de la asistencia. Tener de tu lado a unos expertos en asistencia global literalmente salvó nuestro viaje.